Este proyecto nace de un deseo sencillo pero poderoso: transformar un piso alargado y oscuro en un auténtico refugio luminoso, cálido y lleno de vida, donde una gran familia, repartida entre distintas ciudades, pueda reencontrarse en Zumaia y compartir momentos inolvidables.
El reto era importante: diseñar un espacio capaz de adaptarse a los distintos ritmos de vida —íntimo cuando solo están los padres, vibrante y acogedor cuando el hogar se llena de hijos y nietos. ¿La respuesta? Una distribución flexible, pensada para evolucionar al ritmo de cada instante y de cada necesidad.
La zona de día se ha abierto para dejar pasar la luz natural y transmitir una sensación de amplitud y libertad. En el corazón de la vivienda, una estancia polivalente, conectada al salón mediante dos grandes puertas correderas en esquina, permite transformar el espacio con total facilidad: puede ampliarse para acoger o cerrarse para preservar la intimidad. Esta pieza puede funcionar como una extensión del salón o como un dormitorio independiente, comunicándose además con otra habitación para ofrecer aún más opciones.
Gracias a este diseño ingenioso y adaptable, hoy el piso cuenta con tantas habitaciones como la familia necesita en sus grandes reuniones, sin renunciar nunca al confort ni a la fluidez en el día a día. Una reforma pensada para acompañar a una familia viva y en constante evolución, sin perder de vista el alma única de su hogar.









